La miel corre a través de sus pupilas; pupilas que dejan interpretar el interior de su alma a quien sabe mirar y no sólo ver. El lunar que enmarca su párpado izquierdo guarda un par de secretos; secretos que no serán revelados hoy, tal vez será después, en otra ocasión.
No es alta; ciento cincuenta y tres centímetros no es la estatura más elevada de la época y menos del mundo de los adelantos genéticos. Su silueta es como la de una pera. Sus caderas son amplias y su busto podrían bien ser dos buenas toronjas. Sus piernas son suaves y fuertes, listas para aguantar lo que sea que el destino traiga consigo. Sus pies son delicados y pequeños, es probable que la zapatilla de la Cenicienta no sólo le hubiese quedado a la supuesta dueña. Si hubiese existido la exquisita pieza cristalina bien le hubiese venido a Laura; a esa chica Disney con deseos de princesa, con sueños de niña, con fantasías infantiles… aún cuando está a un mes de llegar a la mayoría de edad mundial.
La suavidad de su rostro es peculiar. Sus cachetes son de durazno y sus mejillas de algodón de azúcar. El color de su estructura es matizado, los brazos son más bronceados que la cara y el abdomen más claro que las manos. Si tuviese que elegir un color en general para describir el de Laura sería: leche con vainilla (...deliciosa leche con vainilla).
Su sonrisa es perfectamente alegre y brillante. Su nariz encaja exactamente con su cara, no es la mejor nariz del cosmos, pero es la ideal para ella. Su cabello es tornasol, el color depende de la luz. Algún estilista dijo que su tono era rubio cenizo y no sabemos (ni Laura ni yo) qué quiso decir exactamente con eso. Ella diría que su color es entre cobre, café, rubio e incluso caoba… no lo sabe, su cabello es un misterio, incluso para la dueña. Yo aún no logro escoger un tono, pero puedo decir que sus rizos enmarcan su perfil de manera precisa. Si ella no fuera china, ella no sería la misma.
Aurioles no es un ser común. Es como el agua, en constante movimiento molecular. A veces se evapora, a veces se hiela. A veces es tranquila, a veces una tormenta. Puede ser miel en hojuelas en un segundo y al otro limón amargo, de ese que hace hacer muecas extrañas. Es inteligente, es calculadora. Pero también es ingenua, aún cree en la gente y en la pureza del amor.
Laura no es una estructura rígida, es flexible y en continuo cambio. Todavía no ha encontrado una estabilidad firme, la sigue buscando. A veces le habla a una cucaracha y otras le habla a Dios, a veces te sonríe y otras te fulmina en una mirada, a veces ríe y otras llora… Pocos son los que la han tratado de entender; más pocos los que la entienden. Y es que ella no busca que la descifren porque ni siquiera ella misma puede definirse a veces.
Y así, la miel en sus pupilas corre a diario, en las noches de oscuridad y en las mañanas de bruma. Esa miel que amarga y que endulza; que sorprende y que inunda. Y sus pupilas son lo que enmarca a esa mujer, a Laura. Y la miel que ella lleva es la sustancia de sus pensamientos… ese néctar pocos podrán probar.
lunes, 21 de abril de 2008
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1 comentario:
"Es de importancia para quien desee alcanzar una certeza en su investigación, el saber dudar a tiempo."
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