domingo, 27 de abril de 2008

Dos Granos de Arena y el Cucara-ántrax

¡Crack! Eso fue lo último que se supo de Godofreda, el ser más audaz, atrevido, osado, temerario, valiente e intrépido de Cucapueblo. Su, hasta entonces, callado y tímido camarada, Chimichurro, de pronto sintió una magna ola de entendimiento divinamente perfecto: Todo era claro, la guerra había comenzado…

Las nubes bailaban en la bóveda celeste. Los rayos del sol se filtraban entre las hojas espiando la conversación de aquellos individuos revolucionarios. Godofreda se encontraba inmersa en un discurso patriótico e idealista. Ella no era muy grande, su tamaño era promedio. Sus seis patas solían estar más aseadas que las de cualquier otra de su especie.lla era una maniaca de la limpieza, algo bizarro y extraño para una criatura que disfruta de nadar en desperdicios y basura. Godofreda era un ser libre, con ideales, con sueños. Ella era neurótica e hiperactiva; pero dentro de su locura obsesiva reinaba una elocuencia que atraía a cualquiera. No se limitaba y era un ser de pasiones, un ser de virtudes, un ser de cambios; pero también, era un ser para la basura, un ser para el desperdicio, un ser para el excremento. ¿Qué les puedo decir? ¡Era una cucaracha!

El discurso de Godofreda era hipnótico y perfecto. Más de la mitad de la población de Cucapueblo se había reunido para escucharla. Ella hablaba, declaraba, alegaba… todos seguían sus palabras, estaban extasiados…

Y ahí estaba la revolucionaria, aplaudida por las patas de cientos. Por fin lo habían logrado: habían derrocado a la raza humana. La epidemia de cucara-ántrax había sido un éxito. Godofreda le decía a su fiel camarada Chimichurro lo feliz que estaba de su inminente éxito. Él le reiteró de inmediato que todo era un sueño realizado, un paraíso afrodisíaco y que todo era gracias a ella; a la musa de la Revolución Cucarachil. Godofreda alzó su pata, con una buena porción de caca, y clamó en favor de los seres con antenas y seis patas.

La gran oradora regresó a su discurso, aquel pensamiento de futuro éxito la había dejado sin habla por un segundo. Godofreda cerró su alocución con una cita de Don Cuco Hidalgo y una ovación invadió las raíces del árbol que resguardaba a las rastreras.

Chimichurro iba distraído, pensaba en la fórmula del cucara-ántrax, recién descubierta por él. Godofreda iba hablando de sus estrategias de combate, de cómo iba a esparcir el virus. De pronto, una nube de gas cayó sobre ellos. Repentinamente comenzaron a sofocarse…

El denso y tóxico humo se colaba entre los espiráculos de Chimichurro, invadiendo sus tráqueas y penetrando en su sistema vital lentamente. Apenas tenía tres semanas de vida aquella criatura rastrera, su final parecía súbito. Sus hermanas corrían retorciéndose desesperadas. Inesperadamente, llegó una cucaracha que él nunca había visto, sus patas lucían más limpias de lo cucarachilmente normal. Chimichurro susurró un socorro y cayó inconciente. No murió, la extrañamente pulcra cucaracha lo sacó de la zona del gas mortífero, ella se convertiría en su mentora y más grande camarada.

La nube se esparcía con mayor rapidez; Chimichurro sintió un golpe de energía sobreinsectil y dispuso que era hora de pagar el favor de meses atrás. Empujó a Godofreda hasta el resguardo de una roca. Ahí, comenzó a rogarle a Cuquesús, su dios omnipotente, que le diera unos meses más de vida a su querida compatriota. Godofreda despertó después de dos o tres minutos. Había sobrevivido. Acto seguido, los dos comenzaron a bailar de alegría. ¡Vivirían!

Sin siquiera imaginarlo un zapato cayó sobre ellos: ¡Clack! Godofreda había sido aplastada, aniquilada, destruida, pulverizada y muerta con un Hush Puppies del número cuatro. Chimichurro no pudo contener su cólera, decidió que eso era la guerra. Abrió sus alas y voló directamente a la cabeza del ruin y desgraciado individuo que había asesinado a su maestra. Cuando se encontró lo suficientemente cerca de su oreja, aventó tres granos de arena al interior de su oído. Dos entraron, fue suficiente. El contagio había comenzado… sólo quedaba esperar.

Notas Técnicas:

Analepsis
Prolepsis
Retrato
Diálogo Indirecto
Narrador Omnisciente heterodiegético
Tercera Persona



Figuras:

1. Onomatopeya: ¡Clack!
2. Sinonimia: audaz, atrevido, osado, temerario, valiente e intrépido
3. Epíteto: callado y tímido
4. Hipérbole: magna ola de entendimiento divinamente perfecto
5. Prosopopeya: Las nubes bailaban en la bóveda celeste.
6. Prosopopeya: Los rayos del sol se filtraban entre las hojas espiando la conversación de aquellos individuos revolucionarios.
7. Ironía: Una cucaracha que es maniaca de la limpieza→ella era una maniaca de la limpieza, algo bizarro y extraño para una criatura que disfruta de nadar en desperdicios y basura.
8. Epíteto: bizarro y extraño
9. Correspondencia: desperdicios y basura
10. Anáfora: con ideales, con sueños
11. Epíteto: neurótica e hiperactiva
12. Epífora: era un ser de pasiones, un ser de virtudes, un ser de cambios; pero también, era un ser para la basura, un ser para el desperdicio, un ser para el excremento.
13. Epíteto: hipnótico y perfecto
14. Sinonimia: hablaba, declaraba, alegaba
15. Epíteto: denso y tóxico
16. Deprecación: . Ahí, comenzó a rogarle a Cuquesús, su dios omnipotente, que le diera unos meses más de vida a su querida compañera.
17. Sinonimia: sido aplastada, aniquilada, destruida, pulverizada y muerta
18. Epíteto: ruin y desgraciado

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