domingo, 6 de abril de 2008

Espejismo

Quise volver a dormir, pero no pude.
Esto jamás me había ocurrido;
un suspiro, mi rostro húmedo,
la noción de un organismo tembloroso y sacudido.

Fue tan real, tan mío, tan nuestro:
Tu voz clara, tu mirada firme, tu gesto;
tan inesperado, tan repentino;
sincero, auténtico.

Lo dijiste y vi tus pupilas dilatarse por un instante.
Anegada en una felicidad que hace tanto no sentía;
concebí un golpe seco de incredibilidad;
sin embargo, la verdad ahogaba tus palabras.

Yo sólo contesté que también sentía lo mismo.
Tus ojos reposaron en alivio:
No, No te había rechazado.
Fugaz fue aquel lapso de vida completa,
de inmensa paz.

Después de todo,
esta ansiedad sí desaparecería.

Me besaste.
Ahora, no sé qué decir.
Jamás había llorado por un motivo tan efímero,
tan irreal pero auténtico en mí.

Te desvaneciste tan rápido como llegaste.
Sentí cómo se desgarró aquel delicado escenario.
¿Cómo volver a concentrarme en mi vida después de tu confesión?
¿Cómo dejar a un lado la acústica de tu voz y aquel mensaje?

Todavía te veo y recuerdo.
Aquella caricia no fue ilusoria,
creí cada roce y cada emisión tuya.

No puedo evitar esta desesperación;
me abandonaste;
me fallaste.

No soy tan religiosa,
pero quiero rezar por tenerte aquí;
porque aquel soplo de certeza y ecuanimidad regrese…

De pronto entiendo
que estoy enamorada de ti
y te espero;
aunque tú ni siquiera vislumbres
que en aquel sueño tan vívido y tan atropellador
nervioso me declaraste tu amor.

Pese que no sepas cuál satisfecho te veías,
cuál realizado estabas
al sentirme tuya.

Aunque no conjetures
cómo hoy al despertar sentí un rocío salado
al desmentir aquel espejismo.

Estúpido raciocinio mío,
me jugó una broma cruel.
Y con esa burla evidenció
que en secreto sigo aguardando
porque descubras quién soy
y te pierdas en mí.

No hay comentarios: