domingo, 27 de abril de 2008

Dos Granos de Arena y el Cucara-ántrax

¡Crack! Eso fue lo último que se supo de Godofreda, el ser más audaz, atrevido, osado, temerario, valiente e intrépido de Cucapueblo. Su, hasta entonces, callado y tímido camarada, Chimichurro, de pronto sintió una magna ola de entendimiento divinamente perfecto: Todo era claro, la guerra había comenzado…

Las nubes bailaban en la bóveda celeste. Los rayos del sol se filtraban entre las hojas espiando la conversación de aquellos individuos revolucionarios. Godofreda se encontraba inmersa en un discurso patriótico e idealista. Ella no era muy grande, su tamaño era promedio. Sus seis patas solían estar más aseadas que las de cualquier otra de su especie.lla era una maniaca de la limpieza, algo bizarro y extraño para una criatura que disfruta de nadar en desperdicios y basura. Godofreda era un ser libre, con ideales, con sueños. Ella era neurótica e hiperactiva; pero dentro de su locura obsesiva reinaba una elocuencia que atraía a cualquiera. No se limitaba y era un ser de pasiones, un ser de virtudes, un ser de cambios; pero también, era un ser para la basura, un ser para el desperdicio, un ser para el excremento. ¿Qué les puedo decir? ¡Era una cucaracha!

El discurso de Godofreda era hipnótico y perfecto. Más de la mitad de la población de Cucapueblo se había reunido para escucharla. Ella hablaba, declaraba, alegaba… todos seguían sus palabras, estaban extasiados…

Y ahí estaba la revolucionaria, aplaudida por las patas de cientos. Por fin lo habían logrado: habían derrocado a la raza humana. La epidemia de cucara-ántrax había sido un éxito. Godofreda le decía a su fiel camarada Chimichurro lo feliz que estaba de su inminente éxito. Él le reiteró de inmediato que todo era un sueño realizado, un paraíso afrodisíaco y que todo era gracias a ella; a la musa de la Revolución Cucarachil. Godofreda alzó su pata, con una buena porción de caca, y clamó en favor de los seres con antenas y seis patas.

La gran oradora regresó a su discurso, aquel pensamiento de futuro éxito la había dejado sin habla por un segundo. Godofreda cerró su alocución con una cita de Don Cuco Hidalgo y una ovación invadió las raíces del árbol que resguardaba a las rastreras.

Chimichurro iba distraído, pensaba en la fórmula del cucara-ántrax, recién descubierta por él. Godofreda iba hablando de sus estrategias de combate, de cómo iba a esparcir el virus. De pronto, una nube de gas cayó sobre ellos. Repentinamente comenzaron a sofocarse…

El denso y tóxico humo se colaba entre los espiráculos de Chimichurro, invadiendo sus tráqueas y penetrando en su sistema vital lentamente. Apenas tenía tres semanas de vida aquella criatura rastrera, su final parecía súbito. Sus hermanas corrían retorciéndose desesperadas. Inesperadamente, llegó una cucaracha que él nunca había visto, sus patas lucían más limpias de lo cucarachilmente normal. Chimichurro susurró un socorro y cayó inconciente. No murió, la extrañamente pulcra cucaracha lo sacó de la zona del gas mortífero, ella se convertiría en su mentora y más grande camarada.

La nube se esparcía con mayor rapidez; Chimichurro sintió un golpe de energía sobreinsectil y dispuso que era hora de pagar el favor de meses atrás. Empujó a Godofreda hasta el resguardo de una roca. Ahí, comenzó a rogarle a Cuquesús, su dios omnipotente, que le diera unos meses más de vida a su querida compatriota. Godofreda despertó después de dos o tres minutos. Había sobrevivido. Acto seguido, los dos comenzaron a bailar de alegría. ¡Vivirían!

Sin siquiera imaginarlo un zapato cayó sobre ellos: ¡Clack! Godofreda había sido aplastada, aniquilada, destruida, pulverizada y muerta con un Hush Puppies del número cuatro. Chimichurro no pudo contener su cólera, decidió que eso era la guerra. Abrió sus alas y voló directamente a la cabeza del ruin y desgraciado individuo que había asesinado a su maestra. Cuando se encontró lo suficientemente cerca de su oreja, aventó tres granos de arena al interior de su oído. Dos entraron, fue suficiente. El contagio había comenzado… sólo quedaba esperar.

Notas Técnicas:

Analepsis
Prolepsis
Retrato
Diálogo Indirecto
Narrador Omnisciente heterodiegético
Tercera Persona



Figuras:

1. Onomatopeya: ¡Clack!
2. Sinonimia: audaz, atrevido, osado, temerario, valiente e intrépido
3. Epíteto: callado y tímido
4. Hipérbole: magna ola de entendimiento divinamente perfecto
5. Prosopopeya: Las nubes bailaban en la bóveda celeste.
6. Prosopopeya: Los rayos del sol se filtraban entre las hojas espiando la conversación de aquellos individuos revolucionarios.
7. Ironía: Una cucaracha que es maniaca de la limpieza→ella era una maniaca de la limpieza, algo bizarro y extraño para una criatura que disfruta de nadar en desperdicios y basura.
8. Epíteto: bizarro y extraño
9. Correspondencia: desperdicios y basura
10. Anáfora: con ideales, con sueños
11. Epíteto: neurótica e hiperactiva
12. Epífora: era un ser de pasiones, un ser de virtudes, un ser de cambios; pero también, era un ser para la basura, un ser para el desperdicio, un ser para el excremento.
13. Epíteto: hipnótico y perfecto
14. Sinonimia: hablaba, declaraba, alegaba
15. Epíteto: denso y tóxico
16. Deprecación: . Ahí, comenzó a rogarle a Cuquesús, su dios omnipotente, que le diera unos meses más de vida a su querida compañera.
17. Sinonimia: sido aplastada, aniquilada, destruida, pulverizada y muerta
18. Epíteto: ruin y desgraciado

sábado, 26 de abril de 2008

¡¡¡Vivan!!!

Estoy aquí, en este cacharro, de nuevo. Llegué a las tres y media y ya casi son las cinco... jejeje... que productivo. En fin, hoy escribo a lo estúpido, no quiero decir nada más. Ni siquiera pensar en estructuras auriolísitcas, ni en nada.



En fin, sólo quiero decir que hoy voy a arreglar mi recámara finalmente. ¡Sí! hoy comenzaré a ordenar mi vida. Eso es irrelevante para ti, lectorocioso, lo sé, pero quiero que sepas que hoy voy a cambiar. jajajaja... y bueno, ya dije que lo que quería decir.



Ah! el sunday de fresa de $10 de Mac Donalds me hizo el día.



Espero concluir la vida en Auriolitos este fin de semana, como noticias interesantes para mis fans. De hecho será este fin o nunca, porque los factores involucrados en texto están a punto de ser disueltos de mi vida, ya no tengo porque detenerlos más, me quitan espacio. Así que mejor depurarlos: ya. Jejeje... si quiero que el texto lleve fuerza que sea antes de que no quede rastro de ellos (debe llevar un poco de feeling, no sé..) por ello este fin, este fin: EL FINAL DE AURIOLITOS... (esperenlo, tun tun tun...)



Mmm... Se les quiere gente. Gracias por existir!!!

Que viva la coca de dieta con muchos, muchos pero muuuchoooss hielos, los lentes de pasta y el circuito interior despejado!!!

Que viva mi nueva facia trasera y la puerta del pasajero!!!

Que viva Segismundo y sus monólogos versificados!!!

Que viva el maquillaje italiano y el francés!!!

Que vivan los amigos!!!

Que vivan las mañanas en las que no te duermes cinco minutos más!!!

Que vivan las otras en las que llegas en pijama a la escuela!!!

Que viva Disney!!! Que viva Disney!!! Que viva Disney!!!

Que viva la cabina de radio y los tres ciberescuchas que están ahí!!!

Que viva mi estúpido raciocinio rosa pastel!!!

Que viva este instante de certeza absoluta!!!

Que vivan las tres horas libres de mañana!!!

Que viva Comunicación y nuestros proyectos más divertidos que cualquier otra carrera; sí, elegí una playa y voy a lucrar con ella!!! Estudien, estudien!!! Yo, lo haré un día antes del final y me irá de 10, igual que ayer, igual que siempre!!!

Que viva Rentería, que viva el Mercado, que viva la utilidad y el rendimiento!!!

Que vivan los proyectos de Erika, que vivan los monólogos de José Luis Mejía!!!

Que vivan mis Popcorns!!!

Que viva Mariana por las Mañanas!!!

Que viva el chocolate!!! (En honor a Robert)

Que viva la bolita!!! Yeiii!!! La bolita de mi vida!!!

Que vivan las cucarachas y los seres divinos creados o no creados por el hombre!!!

Que viva Mac y mi pantalladeplasma!!!

Que viva el amor!!! Que viva el amor!!! Que viva el amor!!!

Que vivan los Vertinianos de la mesa cuadrangular!!!

Que viva el Special K aunque llevo comiendo eso por meses!!!

Que viva el cine!!!

Que viva Ariel y Erick de la Rosa Peña!!! El perfecto príncipe!!!

Que viva todo, todo, todo...

Que vivan las donas de Krispy Cream, gracias infinitamente por haber logrado el trato con Jugogástrico!!!

Que vivan las clases de liderazgo que son de todo y de nada!!!

Que viva lo relativo y lo absoluto, lo subjetivo y lo verdadero!!!

Que viva esa sonrisa que me regalaste un día!!! (el destinatario me lo reservo)

Que vivan las margaritas, las palomas y los martini!!!

Que vivan las abdominales y las inyecciones contra mi bronquitis!!!

Que vivan las grafías!!!

Que viva la alegría injustificada y que viva la tristeza sin remedio!!!

Que viva todo... Que viva yo... Que vivas tú... Que viva él...

¡Sólo vivan!

NOTA: Este texto fue escrito el lunes 21 de abril, a las cinco de la tarde con tres minutos.

martes, 22 de abril de 2008

Pequeña Serenata Nocturna

El rechinido de las ruedas rompía la mortandad que guardaba aquel pasillo. Avanzaba lentamente, podría haberse apresurado pero quería disfrutar aquel instante de plenitud suprema. Jamás pensó que su persona tan consumida por el rencor y la espera estéril, pudiese experimentar placer alguno, y es que era la primera vez en mucho tiempo que sentía tal revuelco en sus entrañas. En un segundo, la adrenalina se apoderó de su ser, el ruidillo de aquella silla de ruedas le recordó el por qué de todo. Ahora abandonaría esa cárcel, pero sabía que le esperaba otra.

En hombre de la bata blanca le dijo a su regordeta ayudante que fuese en busca del paciente. La mujer le aseguró que no debería estar muy lejos y salió, desapareciendo entre el frío de aquellas paredes claras y el eco seco de sus pasos. Mientras, el de blanco entró a inspeccionar la habitación.

El rechinido continuaba, por momentos más chillón, por momentos más seco. Él seguía avanzando. Se dijo a sí mismo que ese era el momento más preciso y pleno de su vida. Esa noche era la que tanto había esperado… Se repitió cuál orgulloso se sentía de él. Lo reiteró de manera casi enferma, más de una vez, más de diez…

Una voz digitalizada y entrecortada despertó al guardia. Se había quedado dormido otra vez. Antes de entender qué lo había alejado de sus sueños, logró articular su anticuada y gastada excusa: alegó que el café soluble jamás hará lo que el de grano. La voz poco inteligible volvió a sonar y sólo produjo tres palabras; tres vocablos que exigían la presencia del holgazán en cuestión. El sujeto se incorporó desganado pero alterado y salió de su minúscula oficina. Azotó la portezuela metálica tras él y murmuró cómo lamentaba no haber terminado leyes tal cual le había aconsejado su madre.

El hombre en la bata le dijo a la joven residente a su cargo que no había nada más que hacer, su hermano, otro médico, había muerto. Una lágrima brotó por su fuerte rostro. No había llorado antes, no desde que era niño. Esta vez no pudo contener la sal en sus pupilas. Después, sólo le dijo a su acompañante que era hora de tomar medidas severas y que no habrían más oportunidades. Ella apenas pudo responder un sí lejano y débil; había quedado impresionada. Aquella joven no imaginó ver al doctor Placencia, su respetable mentor, llorar. Sin embargo, ella también lo habría hecho si tuviera que presenciar a un miembro de su familia inerte; con un catéter enterrado firmemente en el globo ocular, dirigido dramáticamente hacia la masa cerebral.

Los pasos de la robusta enfermera comenzaban a aumentar su cadencia entre las paredes del desierto hospital. Pronto, logró escuchar el rechinido del paciente que había decidido dar un paseo nocturno otra vez. Le gritó discretamente que se detuviera, que ya era tarde para andar deambulando por los pasillos. El rechinido no paró. Hortensia volvió a gritar, esta vez advirtiendo que si le hacía dar un paso más no habrían raciones matutinas. El rechinido siguió. Molesta, Hortensia comenzó a correr. Jadeando maldijo a su paciente; era la tercera vez en la semana que decidía escapar de su habitación.

El oficial había llegado a la entrada de servicio del edificio.
Ésta había sido forzada. Era evidente… Orlando informó a su compañero que, efectivamente, no estaban solos. La voz digitalizada agradeció la confirmación y ordenó la búsqueda del individuo. El oficial bostezó y justo mientras repetía su letanía de la escuela de leyes sintió un golpe seco en la nuca. Se desplomó en seco.

La residente, de nombre Sarahí, y el doctor Placencia salieron de la habitación donde yacía el cadáver. Placencia le recordó a Sarahí que guardara la calma pues necesitaba que se concentrara. Los dos sabían que la única persona capaz de haber cometido tal asesinato era quien ahora andaba en silla de ruedas. Sarahí preguntó si Hortensia corría peligro. Entonces, el médico recordó que había mandado a su mejor enfermera por Federico. Instantáneamente comprendió la situación y comenzó a correr, a tiempo que ordenaba a Sarahí apresurarse.

Federico se sentía entre campos de flores y gotas de lluvia. No tenía tiempo de escuchar las amenazas de la apestosa, entrometida y gordísima enfermera que había truncado sus planes tantas veces. Federico cantó un intento de oda a la alegría y maldijo múltiples veces a la mujer de mocasines blancos y verruga en el mentón. Por fin él podía transitar libremente por los pasillos y esta ocasión sabía que habría una puerta abierta al final…

Placencia se detuvo en seco. Reconoció en segundos la sombra que ahora estaba frente a él.

Federico seguía feliz, cambió la tonada, esta vez tarareó una pieza de Mozart: La Pequeña Serenata Nocturna.

La sombra susurró que todo estaba hecho. Placencia estaba a punto de emitir un sonido cuando la voz seca y penetrante de la sombra volvió a hablar…

Federico aceleró su silla de ruedas, tarareó más fuerte. No se había percatado que Hortensia estaba a unos metros de él.

Octavio Reyes encendió las luces de la recepción del hospital. Ya no le interesaba quedar en el anonimato, ya había hecho lo que quería.

Federico siguió cantando, su silla de ruedas comenzó a ir más y más aprisa. Pese a la velocidad, logró virar a la izquierda y se aproximó al pasillo, el pasillo que lo llevaría a la salida, a aquella puerta abierta. Federico casi gritaba la tonada que tarareaba, la felicidad lo embargaba.

Placencia comenzó a hablar, tratando de calmar a Octavio, aunque no podía disimular su nerviosismo. Temía más por su residente que por él mismo. Octavio le dijo que se tranquilizara y que se callara; que no les haría nada, que los dejaría vivir; pues dejarlo con vida era exactamente lo que estaba en sus planes. Después, se acercó al médico unos cuantos pasos y le gritó de manera enferma que era tiempo de que el renombrado doctor viviera lo que Octavio Reyes sufrió cuando vio perdido lo que más amaba. Todo a causa de una pseudo-cirugía milagrosa…

Octavio Reyes se encontraba en la sala de espera, mordiéndose las unas, rezando oraciones que no sabía que conocía. El hombre de bata blanca, el reconocido doctor Arturo Placencia, se acercó y sentenció que el hermano de aquel que rezaba no había salido completamente exitoso de la operación, pero que viviría. Asimismo, aseguró que el personal del hospital y él mismo se harían cargo del paciente para que tuviera la mejor calidad de vida posible… que habían hecho todo lo médicamente posible. Octavio quedó destrozado, su hermano quedaría con retraso mental.

El hombre en la bata nunca había sentido menor remordimiento por lo ocurrido en aquella cirugía hasta ese instante. Placencia no pudo hablar, quedó inmóvil. Sintió que la sangre se detenía en sus arterias y le lo ahogó una gran pena. Todo estaba claro: el catéter nunca estuvo en manos de Federico.

Hortensia aceleró el paso, pero los años no pasan en vano. No importaba cómo, pero ella tenía que alcanzar esa silla de ruedas…

El rechinido de las ruedas rompía la mortandad que guardaba aquel pasillo. Avanzaba lentamente, podría haberse apresurado pero quería disfrutar aquel instante de plenitud suprema. Jamás pensó que su persona tan consumida por el rencor y la espera estéril, pudiese experimentar placer alguno, y es que era la primera vez en mucho tiempo que sentía tal revuelco en sus entrañas. En un segundo, la adrenalina se apoderó de su ser, el ruidillo de aquella silla de ruedas le recordó el por qué de todo. Ahora abandonaría esa cárcel, pero sabía que le esperaba otra.

Federico cruzó el umbral, rió. Era libre y su ángel le había dicho que lo vería en la banca azul, donde siempre se encontraban. Tarareando la pieza de Mozart a todo pulmón, se acercó a donde su ángel llegaría.

Hortensia escuchó unos pasos aproximarse ágilmente. Volteó a ver quién era el dueño de aquellas zancadas y descubrió a Octavio Reyes, muy conocido por sus visitas diarias al hospital. El hombre pasó a su lado sin siquiera notarla…

Federico Reyes detuvo su silla de ruedas junto a la banca. Su ángel llegó, pero no duró mucho su encuentro. Federico vio a su ángel partir en un vehículo con luces rojas y azules. Aún así, él siguió cantando. Su ángel le dijo que se volverían a ver, que aquella nave destellante era una limosina al cielo y que ahí le lo esperaría. Federico sabía que volvería a ver a su ángel en ese azul e infinito firmamento. Sonrió: Se volverían a encontrar, entre nubes de azúcar y cúmulos de turrón… La Pequeña Serenta Nocturna aún no había parado de sonar.

lunes, 21 de abril de 2008

Néctar Óptico

La miel corre a través de sus pupilas; pupilas que dejan interpretar el interior de su alma a quien sabe mirar y no sólo ver. El lunar que enmarca su párpado izquierdo guarda un par de secretos; secretos que no serán revelados hoy, tal vez será después, en otra ocasión.

No es alta; ciento cincuenta y tres centímetros no es la estatura más elevada de la época y menos del mundo de los adelantos genéticos. Su silueta es como la de una pera. Sus caderas son amplias y su busto podrían bien ser dos buenas toronjas. Sus piernas son suaves y fuertes, listas para aguantar lo que sea que el destino traiga consigo. Sus pies son delicados y pequeños, es probable que la zapatilla de la Cenicienta no sólo le hubiese quedado a la supuesta dueña. Si hubiese existido la exquisita pieza cristalina bien le hubiese venido a Laura; a esa chica Disney con deseos de princesa, con sueños de niña, con fantasías infantiles… aún cuando está a un mes de llegar a la mayoría de edad mundial.

La suavidad de su rostro es peculiar. Sus cachetes son de durazno y sus mejillas de algodón de azúcar. El color de su estructura es matizado, los brazos son más bronceados que la cara y el abdomen más claro que las manos. Si tuviese que elegir un color en general para describir el de Laura sería: leche con vainilla (...deliciosa leche con vainilla).

Su sonrisa es perfectamente alegre y brillante. Su nariz encaja exactamente con su cara, no es la mejor nariz del cosmos, pero es la ideal para ella. Su cabello es tornasol, el color depende de la luz. Algún estilista dijo que su tono era rubio cenizo y no sabemos (ni Laura ni yo) qué quiso decir exactamente con eso. Ella diría que su color es entre cobre, café, rubio e incluso caoba… no lo sabe, su cabello es un misterio, incluso para la dueña. Yo aún no logro escoger un tono, pero puedo decir que sus rizos enmarcan su perfil de manera precisa. Si ella no fuera china, ella no sería la misma.

Aurioles no es un ser común. Es como el agua, en constante movimiento molecular. A veces se evapora, a veces se hiela. A veces es tranquila, a veces una tormenta. Puede ser miel en hojuelas en un segundo y al otro limón amargo, de ese que hace hacer muecas extrañas. Es inteligente, es calculadora. Pero también es ingenua, aún cree en la gente y en la pureza del amor.

Laura no es una estructura rígida, es flexible y en continuo cambio. Todavía no ha encontrado una estabilidad firme, la sigue buscando. A veces le habla a una cucaracha y otras le habla a Dios, a veces te sonríe y otras te fulmina en una mirada, a veces ríe y otras llora… Pocos son los que la han tratado de entender; más pocos los que la entienden. Y es que ella no busca que la descifren porque ni siquiera ella misma puede definirse a veces.
Y así, la miel en sus pupilas corre a diario, en las noches de oscuridad y en las mañanas de bruma. Esa miel que amarga y que endulza; que sorprende y que inunda. Y sus pupilas son lo que enmarca a esa mujer, a Laura. Y la miel que ella lleva es la sustancia de sus pensamientos… ese néctar pocos podrán probar.

lunes, 14 de abril de 2008

Verde Aceituna

¿Y si Johny no me marca? Da igual. Ya me cansé de ver ese aparatejo: El teléfono que no he pagado. Por eso no puedo hacer llamadas. A final de cuentas no es mi culpa que en mi estúpido trabajo hayan decidido que Francisco Petrone es mejor que yo: ¡Un ingeniero que se partió la espalda 8 años en esa pocilga! ¡Demonios! Quiero un cigarro. Maldito enfisema. Si Johny estuviera aquí no me permitiría fumar…

¿Qué habrá ahorita en la tele? Quiero ir por una película, una de esas porno exquisitamente mal producidas, bien realistas… ¡Oh! Ni un centavo, ya recuerdo. Lo último se fue en la lata de cerveza y el frasco de aceitunas. Me encanta el color de las aceitunas aunque mi madre las odiaba. Mi padre era diferente. Él odiaba el verde de mis ojos, él me odiaba a mí. Me decía: “marica, puto…” Y Johny sigue sin llamar. ¡Basta! Le voy a marcar… ¡Carajo! ¡No he pagado el teléfono! Necesito otro trabajo. Quiero un cigarro. Aunque lo detestes Johny, voy a fumar. ¿Enfisema? ¡Bah! Me da igual. ¿Todavía habrán aceitunas? Extraño a mamá…

jueves, 10 de abril de 2008

Click

La respiración se te empieza a cortar. Es abrumadora la sensación de pesar que te invade. El aire es cada vez más difícil de inhalar...



La viste, estaba preciosa, igual que ayer, igual que siempre. Te acercaste, estabas justo detrás de ella, justo a punto de decirle...



Otra vez frente al monitor. Tus ojos están inertemente en movimiento, tus dedos ya no quieren continuar. Estúpidas labores, estúpidos ensayos, estúpida escuela. Estás a un segundo de apagar a Doro...



Checas otra vez la lista de espera... nop, todavía faltan unos cuantos, tendrás que esperar.



Si ella supiera que a veces sólo te levantas en la mañana para tratar de encontrarla en alguna parte del cosmos, en alguna parte de esta deslavada realidad, en alguna parte de este universo incierto...



Click, click, click...



Comenzaste a articular palabras; el sonido fue tenue, demasiado débil, casi un susurro, casi un soplido. Ella no escuchó. De pronto sonó su celular. Brincaste instintivamente. Ella volteó.



¿Y si dejas de una vez por todas la escuela? Lo que tu quieres no es seguir ahí; bueno, sí. Sólo por ella, por ella lo intentarás. Tus dedos, comienzan a errar y la Ley de Rendimiento parece aplicarse en este momento. Has llegado al punto en que seguir trabajando te trae un déficit...



La oscuridad no te deja ver. Intentas gritar y un sonido agonizante invade el cuarto, el último cuarto que verás.



Vuelves a abrir la página, todavía no. ¿Cuándo llegará tu turno?



Continuará...

domingo, 6 de abril de 2008

Efímeros Instantes Decembrinos

La Navidad empieza en octubre con el famoso “18 meses sin intereses” y los adornos navideños en los centros comerciales. Los niños comienzan a pensar en qué le van a pedir a sus padres, a Santa Claus o los Santos Reyes y las jugueterías se llenan de novedades y chucherías.


Van pasando los días y llega noviembre. La euforia va en aumento, algunas casas comienzan a verse adornadas: hermosos árboles de navidad, arreglos, nacimientos, foquitos de colores…

La gente comienza a sentir el ambiente y todos ansían el inicio de las vacaciones. En diciembre el “espíritu navideño” está más que presente en la humanidad: intercambios, posadas, fiestas; todo es parte de la gran celebración que se avecina.


Después de recibir regalos y degustar una gran cena a veces queda un vacío en las personas. ¿Por qué? ¿Qué acaso no tienen lo que tanto deseaban? Las banalidades materiales no son todo lo que importa en este mundo tan manipulado por el continuo devenir de lo superficial y la mercadotecnia.


Existe un vacío que inunda a la humanidad en el que la calidez humana y los valores se han ido perdiendo entre envolturas de regalo y burbujas de sidra. ¿Dónde quedó el verdadero sentido de la Navidad?


Yo quisiera que la gente entendiera que la grandeza de las fiestas está en las personas mismas, no en un regalo o en una deliciosa cena. Cuando compartimos nuestros pensamientos y sentimientos al sentarnos a la mesa o cuando reímos todos al recordar una travesura infantil, es cuando comprendo la majestuosidad de Dios y del 25 de diciembre.


Este mundo sufre y se inunda de una tristeza cada vez mayor al evolucionar los tiempos y estilo de vida. Este cáncer de rutina y de continuo stress y velocidad no nos permite respirar el aire de paz que emana de nuestros semejantes. Yo quisiera que disfrutáramos más de los grandes y los chicos… de esos pequeños momentos que hacen la diferencia.


A veces volteo alrededor: La magnificencia de los rayos solares atravesando los hermosos contornos de los cúmulos y los estratos; la sonrisa de un extraño; una pareja tomada de la mano, una mirada sincera, la risa de una compañera, el vuelo de una mariposa, el agua caliente rociando tu espalda mientras tomas una ducha, morder una manzana, dar un abrazo y ser besado… todo, todo lo veo y lo agradezco.


¿Cuánto tiempo te tomas para contemplar tu vida? ¿En cuántos minutos se mide la alegría? ¿Qué es verdaderamente más valioso?


Espero en estas fiestas disfrutes los pequeños detalles que has dejado pasar por alto durante tanto tiempo.


Contempla la sonrisa de tu abuelo al ver a la familia reunida.


Saborea cada una de las doce uvas.


Dile cuánto quieres a esa persona que tanto lo ha esperado.


Deléitate observando la mirada de sorpresa de un niño abriendo un obsequio o jugando con los adornos del árbol de navidad.


Percibe cada aroma y disfruta cada sabor.



Comparte una experiencia de tu vida, por más trivial que te parezca.


Escucha a los demás.


Toma fotos inusuales.


Escribe una carta a ese tío enojón que siempre te regaña.


Canta villancicos desentonados…


Vive cada efímero instante y contempla de grandeza de la luz de cada vela.


La Navidad no es un intercambio y una gran cena. La Navidad es un instante que ocurre una vez al año en el que tratamos de escapar de una rutina que nos ha alejado de aquello que más queremos y necesitamos: nuestros seres queridos. Disfrútalos y comparte tu vida con la familia que tanto te ama.

Espejismo

Quise volver a dormir, pero no pude.
Esto jamás me había ocurrido;
un suspiro, mi rostro húmedo,
la noción de un organismo tembloroso y sacudido.

Fue tan real, tan mío, tan nuestro:
Tu voz clara, tu mirada firme, tu gesto;
tan inesperado, tan repentino;
sincero, auténtico.

Lo dijiste y vi tus pupilas dilatarse por un instante.
Anegada en una felicidad que hace tanto no sentía;
concebí un golpe seco de incredibilidad;
sin embargo, la verdad ahogaba tus palabras.

Yo sólo contesté que también sentía lo mismo.
Tus ojos reposaron en alivio:
No, No te había rechazado.
Fugaz fue aquel lapso de vida completa,
de inmensa paz.

Después de todo,
esta ansiedad sí desaparecería.

Me besaste.
Ahora, no sé qué decir.
Jamás había llorado por un motivo tan efímero,
tan irreal pero auténtico en mí.

Te desvaneciste tan rápido como llegaste.
Sentí cómo se desgarró aquel delicado escenario.
¿Cómo volver a concentrarme en mi vida después de tu confesión?
¿Cómo dejar a un lado la acústica de tu voz y aquel mensaje?

Todavía te veo y recuerdo.
Aquella caricia no fue ilusoria,
creí cada roce y cada emisión tuya.

No puedo evitar esta desesperación;
me abandonaste;
me fallaste.

No soy tan religiosa,
pero quiero rezar por tenerte aquí;
porque aquel soplo de certeza y ecuanimidad regrese…

De pronto entiendo
que estoy enamorada de ti
y te espero;
aunque tú ni siquiera vislumbres
que en aquel sueño tan vívido y tan atropellador
nervioso me declaraste tu amor.

Pese que no sepas cuál satisfecho te veías,
cuál realizado estabas
al sentirme tuya.

Aunque no conjetures
cómo hoy al despertar sentí un rocío salado
al desmentir aquel espejismo.

Estúpido raciocinio mío,
me jugó una broma cruel.
Y con esa burla evidenció
que en secreto sigo aguardando
porque descubras quién soy
y te pierdas en mí.